365 Tao #335, 1 de Junio 2011: Destreza

Destreza

El luchador alguna vez fue más sólido que un toro.
Le encantaba flexionar sus enormes antebrazos aceitados.
Antes derrotaba adversarios con alegría.
Pero ahora, la frágil piel está tensa sobre los huesos,
Y su resuello es un fantasma de su varonil rugido.

En cualquier punto de la vida, es prudente contemplar la naturaleza de la destreza. Si la tienes, glorifícate en ella, y úsala sabia y compasivamente. Pero no debes pensar que eres tú mismo quien está haciendo esas cosas. Estás tomando prestada esta fuerza. No es tuya. Es un regalo, algo que está aquí para ti mientras tengas la fortuna de tenerla. Una vez que pase, no tendrás las victorias, y tendrás que cargar con el mismo cuerpo y la misma mente. Cuando has sido humillado, ¿qué se ha ido? Tú sigues aquí, aquí para sentir el dolor de no ser capaz de hacer lo que alguna vez fuiste capaz de hacer –a menos que aprendas cómo ejercer tu destreza sin identificarte con ella.

Quienes fallan en aprender esto se convierten en viejos amargados. Maldicen la vida. Pierden la fe. Eso es porque pusieron toda su autoestima en sus habilidades y no en quienes eran. Por eso es bueno meditar, y no acumular las victorias sino la experiencia de esas victorias. Saboréalas. Nadie nunca podrá quitarte eso.

Son las experiencias que surgen de la destreza, no la destreza misma, las que son valiosas.

La meditación de hoy para el hemisferio norte es la #152, Dormir

Comentarios

Antoni C. ha dicho que…
¿Cuánta humildad es necesaria para ser humilde sin vanagloriarse de ello?

El ego escoge los sitios más recónditos para mantener su poder. Bueno es, supongo, ante un adversario tan diestro, sonreír con humor y seguir adelante.

Karin, gracias por ser aquí y ahora.

Un abrazo.
Karin Usach ha dicho que…
Tan cierto lo que dices Antoni! El ego y su vanidad son formidables... como amigos y enemigos. Muchas veces es esa misma vanidad la que nos impulsa a superarnos. Pero claro que se resiste a desvanecerse cuando ya no es necesaria.

Ni te cuento la cantidad de veces que he hecho cosas a pesar del cansancio o las pocas ganas simplemente porque no podría permitirme no hacerlas... nunca sé muy bien si es por sentido de responsabilidad o por una tremenda vanidad.

Creo que hay como un contínuo entre la humildad y la vanidad, una línea movediza como la misma del tiaji que demarca las fronteras entre el Yin y el Yang. La humildad perfecta sólo puede alcanzarla quien está tan sintonizado con el Tao que recibe toda su fuerza y sabiduría de la fuente misma. Iluminación o santidad.

Para el resto de los mortales, creo que tenemos que conformarnos con usar adecuadamente nuestras cuotas de vanidad y humildad en precario equilibrio.

Un abrazo

Karin

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