365 Tao #229, 15 de Febrero 2017, Redención

Redención

Medito diariamente ante el altar,
Pero aún sigo cubierto de pecado.

A pesar de los diarios esfuerzos por mejorar, seguimos teniendo muchos defectos. Eliminamos uno, sólo para encontrar nuevos. Nos liberamos de una relación superflua, sólo para encontrar nuevos enredos. ¿Por qué es tan difícil encontrar la liberación? Porque nuestras propias mentes son la fuente de nuestros problemas.

Cada quien con inteligencia y ambición tiene profundo deseo. Queremos cosas. Concebimos estrategias para obtenerlas. Ya sea el casi instintivo apetito por comida o sea deseo revestido en aprobación social, nuestras mentes no descansan nunca en su hambre por satisfacción. Una vez que tenemos deseo, tratamos de alcanzar el objeto de nuestro deseo. Si no tenemos éxito en alcanzarlo, nos enojamos, nos frustramos y nos decepcionamos. Si obtenemos lo que queremos, sólo queremos más.

Este tratar de alcanzar nunca termina. Aunque meditemos, no podemos eliminar este hábito de una vez. Por lo tanto, aunque puede que nos sentemos con toda sinceridad ante el altar, debemos también aceptar que no seremos rápidamente redimidos. Los seguidores del Tao saben cómo eliminar el deseo, aceptar los defectos personales y trabajar hacia una paciente eliminación del hambre de la mente por satisfacción externa. 


La meditación de hoy para el hemisferio norte es la #46, Organización

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Buenos días, estimada Karin.

Perseverar contra el deseo y "el hambre de la mente" de los que habla Deng Ming-Dao es mucho más fructífero si cada día nos abajamos del ego yendo a la raíz de lo que somos.

Y, como Sísifo, ésta es una tarea a la que me dedico a diario porque los apegos (en mi caso, escasos) y los defectos (en mi caso, numerosos) se renuevan constantemente.
Karin Usach ha dicho que…
Estoy de acuerdo contigo.
Pero también creo que no todo deseo es malo, siempre que no nos apeguemos a ese deseo. El deseo nos motiva y moviliza. Tomemos por ejemplo el deseo de superación. Ese deseo nos impulsa a seguir con ahínco el camino. El problema está cuando el apego a ese deseo (no lo califiquemos de "bueno" para no caer otra vez en el dualismo) nos consume. Para mi, claro que puedo equivocarme, la falla no está en que deseemos (que creo es algo bastante natural al ser humano) sino en permitir que el ego sea quien controle el deseo y que en vez de sólo impulsarnos sanamente a conseguir nuestras metas nos enrede en las trampas del apego. En resumen, no creo que el deseo per se sea "malo" (nuevamente cayendo en la dualidad) sino que el apego es el villano...
Anónimo ha dicho que…
Tienes toda la razón, estimada Karin.

Para mí siempre es ilustrador leer tus opiniones; me hacen reflexionar de nuevo.

Gracias por mantener activo este blog (y también por responder a mis palabras).

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