365 Tao #224, 10 de Febrero 2017: Indiferencia

Indiferencia

Para un verdadero maestro,
Sentarse en un trono
No es diferente de 
Sentarse en el suelo.

Un verdadero maestro es indiferente a los modos de la sociedad. La ambición, el conocimiento y la religión son igualmente carentes de interés. ¿Por qué? Porque todas esas cosas están en la esfera de las definiciones humanas.

La persona santa trasciende toda identidad. Por lo tanto, riqueza o pobreza, bien o mal, violencia o paz no le hacen diferencia. Las dicotomías ya no son válidas para tal persona.

¿Encuentras esto difícil de creer? El grado en que encuentres esto difícil de aceptar indica el grado al que estás constreñido por el dualismo. La verdadera iluminación viene de entender la unicidad de toda realidad. Tal darse cuenta lleva a la percepción de que todas las cosas son verdaderamente iguales. Un maestro ve la nutrición y la enfermedad como lo mismo, la vida y la muerte como lo mismo, la moralidad y la inmoralidad como lo mismo. Si le das a los maestros algo que comer, ellos lo comerán. Si no tienen nada que comer, olvidan incluso que había tal actividad. No hay polaridad en sus vidas.

Nosotros, la gente común y corriente, no podemos hacer esto. Hacemos distinciones, nos defendemos a nosotros mismos y a nuestros territorios. Sólo nos sentimos seguros dentro de fronteras declaradas. Esa es la forma en que nos definimos a nosotros mismos, pero nuestras identidades son también nuestras prisiones. Sólo un maestro sabe el significado de la liberación y tiene completa libertad.


La meditación de hoy para el hemisferio norte es la #41, Resolución

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Ya quisiera para mí (y para todos) las virtudes que adornan a Deng Ming-Dao.

No obstante, a alguien tan "común y corriente" como el que más y que no se considera maestro de nada, le exalta vislumbrar siquiera efímeramente la unidad del todo en cuanto soy y me rodea.

Desde entonces me cumplo en los demás, en el desasimiento del ego, en el aquí y ahora y en el eterno retorno, que es camino y meta a la vez.

Ahora solo me queda ser capaz de trasladar este arrobamiento a mis poemarios y novelas ;-).

¡Que tengas un buen día, estimada Karin!
jose maria Burgos ha dicho que…
Hola! no me siento ni siquiera cerca de ser un "maestro", ¡pero tampoco me interesa el "título"! siento que en algún tiempo lejano aún, todos alcanzaremos ese estado de quietud absoluto y comulgaremos con la nada (TAO) pero hay algo en esta disciplina que me llena de júbilo y siempre está en mi pensamiento consciente e inconsciente, es la afirmación de su definición (TAO = CAMINO) es decir nuestra meta ¡no es una meta estática a la cual tenemos que alcanzar para concluir todo!, nuestra meta ¡es el camino! y ese camino es infinito!! Gracias por ser, estar y compartir...
Karin Usach ha dicho que…
Así es! Concuerdo contigo María José, la belleza del Tao es que nos permite avanzar hacia esa comprensión y paz, la que vamos sintiendo aunque estemos lejos de ser seres iluminados. Y como dice ¿nuestro o nuestra? anónimo, el ser comunes y corrientes no nos impide vislumbrar esa unidad en el universo que agota la dualidad... ojalá logres ese poema!
Un abrazo a los/las dos.

Karin
Anónimo ha dicho que…
Alabo la lucidez de su discurso, José María. Y la tuya, estimada Karin.

Es un verdadero placer leer vuestras aportaciones. Gracias a ambos.

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