365 Tao #46, 16 de Agosto 2016: Organización

Organización 

Pauta y creatividad 
Son los dos polos de la acción. 

Es sabiduría planificar cada día. Al establecer metas para uno mismo y organizar las actividades a ser realizadas, uno puede estar seguro que cada día estará completo y nunca será desperdiciado. 

Los seguidores del Tao usan pautas al planificar. Observan las formas de la naturaleza, percibiendo las invisibles líneas del destino. Imaginan una pauta para su vida entera, y de esa forma en general aseguran el éxito. Cada día hacen coincidir las pautas provisorias con sus metas maestras, y así navegan la vida con gracia y seguridad. Es precisamente esta habilidad de discernir y manipular las pautas, desconocidas para el común de la gente, lo que hace a los seguidores del Tao tan formidables. 

Cuando pasan cosas impredecibles, quienes siguen al Tao también son hábiles en la improvisación. Si las circunstancias no se les dan, cambian inmediatamente. Para evitar confusión, siguen discerniendo las pautas de la situación y crean nuevas, como lo haría un jugador de ajedrez al tablero. La creación espontánea de nuevas pautas es su máximo arte. 

La meditación de hoy para el hemisferio norte es la #228, Profundidad

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Reconozco el camino en la forma en que todo sucede en la naturaleza, de ahí que la considere mi maestra; su compleción es absoluta, evocando además lo inefable.

Siguiendo sus patrones, pues, no hay forma de equivocarse: me organizo, crezco y maduro fijándome en ella.

Confío así ir acercándome a la esencia última del Tao.

Reciba un cordial saludo, estimada Karin.
Karin Usach ha dicho que…
Creo que este es uno de los desafíos de la vida en ciudades, en que estamos un poco más alejados de la naturaleza y nos es más difícil estudiarla y aprender de ella. Más difícil... afortunadamente no imposible :-)
Un abrazo, querido/a anónimo
Anónimo ha dicho que…
Cierto, Karin. Aunque yo me las arreglo para disfrutar de la naturaleza incluso en los detalles más insignificantes como las dos "floraciones" del diente de león.

Tu acertada precisión (la dificultad de reencontrarnos con la naturaleza en las ciudades) me ha recordado una de las obras maestras de Italo Calvino: "Marcovaldo, osea, las estaciones en la ciudad", que a través de 20 entrañables y deliciosos relatos nos cuenta las aventuras y desventuras del protagonista, un "buen salvaje" en medio de una jungla de asfalto.

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