365 Tao #357, 23 de Junio 2015: Rusticidad

Rusticidad

La risa de los campesinos es descomplicada.
La risa de los citadinos está llena de oscuros matices.
La ambición de los campesinos es hacer crecer bien sus cultivos.
La ambición de los citadinos es superar a otros.
La alegría de los campesinos es participar de las estaciones.
La alegría de los citadinos es alcanzar sofisticación. 


Cuando ves gente urbana en la campiña, con frecuencia los puedes oír burlándose de la simplicidad de los campesinos. Después de todo, tenemos tantas palabras para mofarnos de ellos: pueblerino, palurdo, campesino, paleto, patán, montañés, bruto, zoquete, cabeza de repollo, simplón. Si uno se detiene a pensarlo, ¿son esas descripciones peores que neurótico, compulsivo, estresado, ambicioso, ladino, astuto, obsesivo, ávido de dinero, o nuevo rico? 

Quienes siguen el Tao celebran la vida campestre por sobre la difícil existencia en las ciudades. Aunque ciertamente no podemos regresar a un modo de vida exclusivamente agrario, es beneficioso para nosotros considerar el ideal agrario. La vida de ciudad es una construcción mental que colapsa una vez que dejamos de hacerla realidad. 

Afánate en las ciudades, si debes hacerlo. Pero no olvides que hay poco valor último en ello. No olvides tu alma, y no olvides que un marco rústico es la mejor manera de mantener tu alma. 

La meditación de hoy para el hemisferio norte es la #174, Culto

Comentarios

daniel ha dicho que…
hay una especie de proverbio que reza Pueblo chico, Infierno grande. Lo que no quita la sencillez de las vidas campesinas. He sentido personalmente y siento aún, la idealización del citadino hacia el alejamiento de las urbes. Vemos hoy más que nunca gran cantidad de movimientos de grupos con sustento ecologista, pretender afincarse en zonas alejadas al progreso inercial del citadino. Lo difícil es hacerse silencio en pleno ruido, y tal vez ésto pueda decirlo desde un lugar con sabor a anhelo no cumplido, el irme a vivir sencillo al campo. He hablado con campesinos, he oído sus pasiones, sus angustias, sus alcoholizadas soledades...y finalizo con una sempiterna duda si es el medio el que condiciona al hombre o al contrario. Sostengo que no, incluso pueda significar al campesino una buena escuela como prueba de progreso espiritual el vivir en una gran ciudad. Amo los cielos estrellados, amo las tormentas, amo el sonidos de los pájaros deshaciéndose entre las hojas silentes de los árboles

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