365 Tao #225, 11 de Febrero 2015: Prejuicio

Prejuicio

Ninguna madre piensa que su hijo es feo.
Nadie es indiferente a si mismo.


Todos estamos familiarizados con el prejuicio. Viene de muchas formas: nacionalismo, machismo, provincialismo, racismo. Muchos de nosotros indudablemente clamamos en contra de estas injusticias. Mientras haya prejuicio, declaramos, nunca seremos capaces de conocernos bastante unos a otros.

Y sin embargo, es exactamente un tipo de prejuicio el que también evita que nos conozcamos a nosotros mismos. Si lo pensamos, nosotros mismos es a quien más favorecemos. Nos encargamos de todas nuestras necesidades corporales, nuestras indulgencias sexuales, nuestras curiosidades intelectuales, y nuestras lujuriosas ambiciones. Cuando estamos enfermos o en desventaja, nadie siente más nuestro dolor o gime más fuerte. Cuando estamos satisfechos, nadie se regocija con mayor satisfacción. Cuando estamos al borde de la muerte, nadie se aferra con más vehemencia.

Mientras seamos esclavos de nuestros apetitos, no podremos tener atención para la espiritualidad. Mientras valoremos la comodidad por sobre el esfuerzo, nunca tendremos la fortaleza para la búsqueda espiritual. Mientras nos apeguemos a ideas intelectuales por sobre a la experiencia, nunca podremos tener una percepción genuina del Tao. Mientras insistamos en que estamos separados, entidades individuales separadas del resto del universo, nunca notaremos la unicidad.

Ninguna madre piensa que su hijo es feo, porque ese niño es su propia creación. De la misma manera, somos inevitablemente parciales a nosotros mismos: Nosotros nos creamos. Si hemos de alcanzar cualquier clase de realización espiritual, debemos confrontar y resolver este prejuicio.


La meditación de hoy para el hemisferio norte es la #42, Caminar

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