365 Tao #225, 11 de Febrero 2012: Prejuicio

Prejuicio

Ninguna madre piensa que su hijo es feo.
Nadie es indiferente a si mismo.


Todos estamos familiarizados con el prejuicio. Viene de muchas formas: nacionalismo, machismo, provincialismo, racismo. Muchos de nosotros indudablemente clamamos en contra de estas injusticias. Mientras haya prejuicio, declaramos, nunca seremos capaces de conocernos bastante unos a otros.

Y sin embargo, es exactamente un tipo de prejuicio el que también evita que nos conozcamos a nosotros mismos. Si lo pensamos, nosotros mismos es a quien más favorecemos. Nos encargamos de todas nuestras necesidades corporales, nuestras indulgencias sexuales, nuestras curiosidades intelectuales, y nuestras lujuriosas ambiciones. Cuando estamos enfermos o en desventaja, nadie siente más nuestro dolor o gime más fuerte. Cuando estamos satisfechos, nadie se regocija con mayor satisfacción. Cuando estamos al borde de la muerte, nadie se aferra con más vehemencia.

Mientras seamos esclavos de nuestros apetitos, no podremos tener atención para la espiritualidad. Mientras valoremos la comodidad por sobre el esfuerzo, nunca tendremos la fortaleza para la búsqueda espiritual. Mientras nos apeguemos a ideas intelectuales por sobre a la experiencia, nunca podremos tener una percepción genuina del Tao. Mientras insistamos en que estamos separados, entidades individuales separadas del resto del universo, nunca notaremos la unicidad.

Ninguna madre piensa que su hijo es feo, porque ese niño es su propia creación. De la misma manera, somos inevitablemente parciales a nosotros mismos: Nosotros nos creamos. Si hemos de alcanzar cualquier clase de realización espiritual, debemos confrontar y resolver este prejuicio.


La meditación de hoy para el hemisferio norte es la #42, Caminar

Comentarios

JUAN ANTONIO ha dicho que…
La cuestión es: ¿Por qué le dedicamos una atención excesiva a nuestro "yo", atención de la que excluimos a los demás? Sin duda porque creemos que nuestro "yo" existe de una forma completamente independiente, sólida y que se halla establecido por sí mismo.
Hay un "yo" aquí -me señalo-, pero no existe de esta forma en absoluto.

No hay discurso analítico que pueda llevar a comprender esto que digo, ni lectura, ni práctica, pero eventualmente se puede comprender.

El "yo" es como una ola, la ola aunque existe no se halla establecida por sí misma, no existe independientemente.

Nuestro gran mal-madre, que es raíz de muchos otros males, radica en un modo completamente erróneo de percibir la existencia de nuestro "yo". Yo soy "yo", indudablemente, pero si pienso que eso es todo lo que soy (y es lo que generalmente piensa todo el mundo), que ese "yo" se halla establecido por sí mismo, etc., es que he equivocado mucho el camino. Y esto es justamente lo que como especie nos ha sucedido y está sucediendo. Se trata simplemente de un caso de percepción errónea de la forma en que existimos.

Nada curará muchos de nuestros males a no ser que curemos este mal en nuestra misma mente.
Karin Usach ha dicho que…
Lo expones muy bien Juan Antonio. Es como ser gotas en el océano, que en vez de percibirse como océano están preocupadas del contorno que las separa de otras gotas. Eso nos pasa.
Un gran abrazo,

Karin

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