365 Tao #220, 6 de Febrero: Umbral

Umbral

¿Por qué llorar por un capullo
Después que la mariposa ha salido volando?

La muerte es una de las pocas cosas dadas en la vida, y aún así le tememos. Con inmadurez negamos su presencia o rehusamos tomarla en cuenta. En la vida, en que tan pocas cosas son lo suficientemente estables para servirnos como verdaderos puntos de referencia, la muerte es una de nuestras pocas seguridades.

La muerte no es un final. Es una transformación. Lo que muere es sólo nuestro sentido de identidad, el cual era falso para empezar. La muerte es el umbral de esta vida. Más allá de él hay algo más, algo misterioso. Sólo podemos estar seguros de que es distinto de esta vida.

Seamos imperturbables al admitir que nadie conoce la muerte definitivamente. Lo más cerca a lo que podemos llegar es a una supuesta experiencia cercana a la muerte, la cual, por definición, no puede ser muerte en si misma. Alternamente, podemos examinar a otras personas que han muerto. Podemos mirar un cadáver. Cuando lo hacemos, vemos que quien sea o lo que sea que animaba ese cuerpo no está ya en vigencia. ¿Es ese cuerpo nuestro querido amigo? No. Lo que haya sido lo que era la persona que conocimos se ha ido. ¿Qué sentido tiene el llorar sobre una cáscara sin vida en un ataúd?

La muerte define los límites de la vida. Entre esos límites, hay una estructura sobre la cual basar las propias decisiones. Cuando uno estime que la propia vida ha sido cumplida, uno puede usar la muerte como el portal para apartarse de esta existencia.

La meditación de hoy para el hemisferio norte es la #37, Disonancia

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