365 Tao #79, 18 de Septiembre: Primavera

Primavera

El sol y la luna dividen el cielo,
Florece la fragancia en los carozos del peral:
La tierra se despierta con un suspiro.
El trotamundos se deleita solo en el sendero.

Es el momento del equinoccio, cuando el día y la noche son brevemente iguales. Este día señala el comienzo de la primavera, el aumento de la luz, y el retorno de la vida a la tierra congelada.

Por supuesto, este día sólo representa un momento en el tiempo. La primavera ha estado regresando hace tiempo, y sabemos que el verano le seguirá pronto. El ciclo de las estaciones continuará en sucesión. No hay tal cosa como una verdadera detención en el tiempo, porque todo es un continuo. La naturaleza hace sus propias concordancias como una mera consecuencia a su movimiento; somos nosotros quienes vemos la estructura y le damos nombre a los patrones.

¿Pero quién puede escatimarle placeres eventuales a un viajero solitario? Salgamos y disfrutemos el día, deleitémonos en la llegada de la primavera, regocijémonos en el entibiarse de la tierra. Porque aunque la tierra pueda estar cubierta de escarcha, el movimiento y el crecimiento están sucediendo a todo nuestro alrededor. La belleza descubierta llena nuestros ojos y nos emborracha. Al pasear por las interminables montañas y arroyos, llenando nuestros pulmones con el aliento de los bosques, encontremos consuelo en ser parte de la naturaleza. Puesto que la vida tiene suficiente miseria y desventuras. La filosofía nos recuerda suficientemente la fugacidad de la vida. Dennos el encanto de lo efímero, y que silencie a todo aquel que lo objetaría.

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